CARTA EDITORIAL
UNA IGLESIA QUE AMA
Jonás debía aprender a amar como Dios ama. Él era un hombre con un poderoso sentido del orden y de la ley, pero sin amor. El prefería justicia a misericordia. A Jonás no le gustaba la generosidad de Dios, cuando ésta se enfocaba en los demás. El amor de Dios, expresado en misericordia, transforma en verdad, en cambio la justicia sólo destruye.
En el mundo abundan definiciones de lo que es amor, pero el amor es trabajar por alguien y hacerlo crecer. Se ama aquello por lo que se trabaja y se trabaja por lo que se ama. El amor es poder llamar tú a alguien y además poder aceptarle positivamente; en otras palabras: comprender a una persona en su esencia, tal como es, en su singularidad, peculiaridad y valor. El amor no es ciego, reconoce todo del otro, lo acepta y lo mira transformado por el actuar de Dios. Por eso el amor es fe en lo que Dios puede hacer en otro. Pero no es lo más importante. Así estaba Jonás, el sabía del amor de Dios pero para él no era importante. Para los filósofos, la sabiduría, el valor y la moderación son las virtudes a cultivar. Pero para Jesús y sus seguidores no es así. Cristo habló del amor a Dios y al prójimo como el cumplimiento de la ley (Marcos 12:30, 31). Él condujo a Pedro para que valorara el amor que le profesaba, tanto a él como a sus discípulos (Juan 21:15-17). Y señaló claramente que los creyentes serían conocidos ante los demás por el amor que se tienen entre sí (Juan 13:35).
En este número de la Revista AME, pretendemos dar a la iglesia una orientación certera acerca de lo que es el amor cristiano y cómo debemos ponerlo en práctica en nuestras relaciones personales diarias. A la luz de la nueva campaña que hemos iniciado este 2008, “Elige lo mejor”, y el programa de “Oración y cuidado mutuo”, es más que pertinente recordar cuáles son los lineamientos bíblicos del amor, pues es a la sombra de ellos que todos y cada uno habremos de trabajar.
Tal como lo dije en otro editorial, Dios ha puesto frente a nosotros puertas y vidas que tocar, en Cd. Brisa, en la Florida, en Naucalpan, en nuestros trabajos, en nuestras escuelas, en nuestros hogares. Dios nos ha reclutado para compartir su verdad en todo lugar donde nos encontremos, pero este trabajo tendrá que ser dando un testimonio de amor auténtico.
Que este 2008 sea recordado en la historia de AME como un tiempo de crecimiento y avivamiento. Les animo a orar porque así sea, y a trabajar para lograrlo con responsabilidad y diligencia.
Con cariño y desafío,
Hno. Daniel Jiménez
Jonás debía aprender a amar como Dios ama. Él era un hombre con un poderoso sentido del orden y de la ley, pero sin amor. El prefería justicia a misericordia. A Jonás no le gustaba la generosidad de Dios, cuando ésta se enfocaba en los demás. El amor de Dios, expresado en misericordia, transforma en verdad, en cambio la justicia sólo destruye.
En el mundo abundan definiciones de lo que es amor, pero el amor es trabajar por alguien y hacerlo crecer. Se ama aquello por lo que se trabaja y se trabaja por lo que se ama. El amor es poder llamar tú a alguien y además poder aceptarle positivamente; en otras palabras: comprender a una persona en su esencia, tal como es, en su singularidad, peculiaridad y valor. El amor no es ciego, reconoce todo del otro, lo acepta y lo mira transformado por el actuar de Dios. Por eso el amor es fe en lo que Dios puede hacer en otro. Pero no es lo más importante. Así estaba Jonás, el sabía del amor de Dios pero para él no era importante. Para los filósofos, la sabiduría, el valor y la moderación son las virtudes a cultivar. Pero para Jesús y sus seguidores no es así. Cristo habló del amor a Dios y al prójimo como el cumplimiento de la ley (Marcos 12:30, 31). Él condujo a Pedro para que valorara el amor que le profesaba, tanto a él como a sus discípulos (Juan 21:15-17). Y señaló claramente que los creyentes serían conocidos ante los demás por el amor que se tienen entre sí (Juan 13:35).
En este número de la Revista AME, pretendemos dar a la iglesia una orientación certera acerca de lo que es el amor cristiano y cómo debemos ponerlo en práctica en nuestras relaciones personales diarias. A la luz de la nueva campaña que hemos iniciado este 2008, “Elige lo mejor”, y el programa de “Oración y cuidado mutuo”, es más que pertinente recordar cuáles son los lineamientos bíblicos del amor, pues es a la sombra de ellos que todos y cada uno habremos de trabajar.
Tal como lo dije en otro editorial, Dios ha puesto frente a nosotros puertas y vidas que tocar, en Cd. Brisa, en la Florida, en Naucalpan, en nuestros trabajos, en nuestras escuelas, en nuestros hogares. Dios nos ha reclutado para compartir su verdad en todo lugar donde nos encontremos, pero este trabajo tendrá que ser dando un testimonio de amor auténtico.
Que este 2008 sea recordado en la historia de AME como un tiempo de crecimiento y avivamiento. Les animo a orar porque así sea, y a trabajar para lograrlo con responsabilidad y diligencia.
Con cariño y desafío,
Hno. Daniel Jiménez
DEVOCIONAL
¿Tus hijos proyectan el amor de su hogar?
¿CANDIL DE LA CALLE, OBSCURIDAD DE TU CASA?
Tomado del libro Devocional de la familia para el diario vivir, del autor Len Woods
"Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. Honren a su padre y a su madre -que es el primer mandamiento con promesa- para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra.
Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijo, sino criénlos según la disciplina e instrucción del Señor."
Efesios 6:1-4
La familia López es lo que se podría llamar una familia cristiana modelo. El señor López forma parte del liderazgo de la iglesia y participa activamente en las labores ministeriales de la misma. La señora López enseña en escuela dominical y los hijos ganan premios cada verano en la Escuela Bíblica de vacaciones, por su asistencia y por memorizar las Escrituras.
Pero solamente se comportan así cuando están en funciones de la iglesia, pues habría que verlos cómo se comportan en casa.
El señor López regresa rutinariamente a casa de su trabajo y se desploma en su sillón, empuñando el control remoto del televisor, aún cuando la señora López batalla organizando a los niños, preparando la cena y haciendo otras actividades en las cuales bien pudiera recibir algo de ayuda.
Los niños se pelean como enemigos mortales. Se profieren insultos, discuten charlando entre sí, y a veces, hasta se tiran puñetazos y otros objetos con malas intenciones.
¿Hasta qué punto está mal todo esto?
Si es verdadera nuestra fe en Cristo, ésta será puesta a prueba en nuestro hogar, en nuestras relaciones con los que mejor nos conocen. Los hijos y los padres tienen una responsabilidad unos con otros. Los hijos deberían honrar a sus padres aún si ellos fuesen exigentes e injustos. Los padres deberían cuidar amablemente de sus hijos aún si ellos fuesen desobedientes y desagradables. Lo ideal es que los padres e hijos cristianos se traten entre sí con cuidado y amor, tal como lo dice Efesios 6:1-4. Esto sucederá cuando ambos, padres e hijos, antepongan los intereses del otro a los suyos, o dicho de otra manera, cuando se sometan unos a otros.
¿Es el amor solamente un sentimiento? ¿Por qué a veces es tan difícil amar a las personas de nuestra propia familia? ¿En qué han fallado las familias cristianas? ¿Qué podríamos hacer para mejorar la práctica del amor en nuestros hogares?
A lo largo de este número podrás encontrar un punto de partida sustancial sobre el cual reflexionar y tomar acciones.
Tomado del libro Devocional de la familia para el diario vivir, del autor Len Woods
"Hijos, obedezcan en el Señor a sus padres, porque esto es justo. Honren a su padre y a su madre -que es el primer mandamiento con promesa- para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra.
Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijo, sino criénlos según la disciplina e instrucción del Señor."
Efesios 6:1-4
La familia López es lo que se podría llamar una familia cristiana modelo. El señor López forma parte del liderazgo de la iglesia y participa activamente en las labores ministeriales de la misma. La señora López enseña en escuela dominical y los hijos ganan premios cada verano en la Escuela Bíblica de vacaciones, por su asistencia y por memorizar las Escrituras.
Pero solamente se comportan así cuando están en funciones de la iglesia, pues habría que verlos cómo se comportan en casa.
El señor López regresa rutinariamente a casa de su trabajo y se desploma en su sillón, empuñando el control remoto del televisor, aún cuando la señora López batalla organizando a los niños, preparando la cena y haciendo otras actividades en las cuales bien pudiera recibir algo de ayuda.
Los niños se pelean como enemigos mortales. Se profieren insultos, discuten charlando entre sí, y a veces, hasta se tiran puñetazos y otros objetos con malas intenciones.
¿Hasta qué punto está mal todo esto?
Si es verdadera nuestra fe en Cristo, ésta será puesta a prueba en nuestro hogar, en nuestras relaciones con los que mejor nos conocen. Los hijos y los padres tienen una responsabilidad unos con otros. Los hijos deberían honrar a sus padres aún si ellos fuesen exigentes e injustos. Los padres deberían cuidar amablemente de sus hijos aún si ellos fuesen desobedientes y desagradables. Lo ideal es que los padres e hijos cristianos se traten entre sí con cuidado y amor, tal como lo dice Efesios 6:1-4. Esto sucederá cuando ambos, padres e hijos, antepongan los intereses del otro a los suyos, o dicho de otra manera, cuando se sometan unos a otros.
¿Es el amor solamente un sentimiento? ¿Por qué a veces es tan difícil amar a las personas de nuestra propia familia? ¿En qué han fallado las familias cristianas? ¿Qué podríamos hacer para mejorar la práctica del amor en nuestros hogares?
A lo largo de este número podrás encontrar un punto de partida sustancial sobre el cual reflexionar y tomar acciones.
CADENA DE ORACIÓN Y CUIDADO MUTUO
La naturaleza está cargada del amor de su Creador
Por Adriana Leal Holohlavsky
"Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo."
Gálatas 6:2
Sin duda, sobrellevar los unos las cargas de los otros, no es una tarea sencilla. Sin embargo, Pablo la señala como una de las tareas fundamentales de las iglesias en Cristo. Vivir la vida en abundancia que el Evangelio nos ofrece, implica vivir en un amor fraternal, por medio del cual seamos capaces de sostenernos unos a otros en tiempos de dificultad.
En la carta de Santiago, se nos recuerda repetidamente que nuestra fe está muerta si ésta no se demuestra con un interés práctico por las necesidades de los demás, por medio del cual practiquemos la misericordia, la benignidad, la humildad, la paciencia y la generosidad, entre otros frutos del Espíritu.
Emprender este nuevo ministerio a la luz de la campaña “Elige lo mejor”, cobra un sentido doblemente trascendente, pues de nada nos serviría aprender, si lo aprendido no se pone en práctica.
Pero, ¿qué implica ser capaces de sostenernos unos a otros?
Ciertamente implica un proceso de madurez, por medio del cual no tan sólo hagamos consciencia de esta responsabilidad que como cristianos tenemos, sino que también entendamos la importancia de hacerlo bien, pues al acompañar a un hermano en su proceso de crecimiento nos convertimos en instrumento de Dios para su sanidad. No hacerlo de acuerdo a los principios bíblicos y desde una visión espiritual podría traer consecuencias catastróficas, desde detener el crecimiento o sanidad de la persona acompañada, hasta alejarlo de la comunidad y de Cristo.
Por esta razón damos inicio a este programa rogando al Señor nos permita tener, como iglesia, la humildad suficiente como para entender: 1) que a veces es necesaria la ayuda e intervención de otros hermanos en Cristo para transitar por el doloroso y difícil proceso del crecimiento espiritual; y, 2) que si bien todos estamos llamados a sostener a otros, también debemos aprender a hacerlo bajo la dirección del Espíritu Santo y los lineamientos de la Biblia.
OBJETIVO
Este programa tiene como objetivo principal experimentar la fuerza sanadora del amor, la cual se manifiesta cuando reconocemos que somos seres de necesidades, sobretodo de afecto y pertenencia. Todo el Nuevo Testamento habla de la misión de Dios en términos de amar, de ofrecer su gracia y misericordia a otros, pero de modo palpable y real, tal como lo hizo Jesús.
La presencia, mensaje y actitudes de Jesús estaban siempre orientados a promover vida y salud:
* Condenando a los mecanismos inhumanos.
* Luchando contra los comportamientos patológicos de raíz religiosa y social.
* Esforzándose por crear una convivencia más fraterna y solidaria.
* Ofreciendo el perdón reconciliador de Dios, que libera a las personas de la culpabilidad y la ruptura interior.
* Mostrando ternura hacia los maltratados.
* Brindando su ayuda para recuperar un corazón más limpio y atento al Espíritu Santo.
* Llamando a vivir en confianza.
Jesús reconoció las diferencias individuales en las personas, sus necesidades y el nivel de entendimiento que poseían, por lo que las trató de una forma singular. Cuando las personas tienen necesidad de acompañamiento, generalmente no están interesadas en escuchar un sermón. Al igual que las personas que vinieron a Jesús, tienen una necesidad que clama por ser satisfecha o un problema que debe ser solucionado. Frecuentemente necesitan afecto, estímulo, guía, o sanidad de alguna antigua herida.
Si queremos experimentar la fuerza sanadora del amor, debemos tener la misma visión de Jesucristo: buscar la salud individual y social INTEGRAL (Bio-psico-social y espiritual). Una salud radical, que se construye desde las raíces más hondas del ser humano; una salud liberadora, que quita del camino todo aquello que bloquea la vida en abundancia; una salud reconciliadora, que lleva a la persona a vivir en paz con Dios, consigo misma y con los demás; y una salud regeneradora, que busca una conversión económica, política, ideológica, ética, psicológica y espiritual.
Este es el modelo de salud que se busca alcanzar por medio del programa de acompañamiento. Esta salud hace a la persona más responsable de su existencia, poniéndola al servicio del amor y no al servicio del culto idolátrico y narcisista.
"Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo."
Gálatas 6:2
Sin duda, sobrellevar los unos las cargas de los otros, no es una tarea sencilla. Sin embargo, Pablo la señala como una de las tareas fundamentales de las iglesias en Cristo. Vivir la vida en abundancia que el Evangelio nos ofrece, implica vivir en un amor fraternal, por medio del cual seamos capaces de sostenernos unos a otros en tiempos de dificultad.
En la carta de Santiago, se nos recuerda repetidamente que nuestra fe está muerta si ésta no se demuestra con un interés práctico por las necesidades de los demás, por medio del cual practiquemos la misericordia, la benignidad, la humildad, la paciencia y la generosidad, entre otros frutos del Espíritu.
Emprender este nuevo ministerio a la luz de la campaña “Elige lo mejor”, cobra un sentido doblemente trascendente, pues de nada nos serviría aprender, si lo aprendido no se pone en práctica.
Pero, ¿qué implica ser capaces de sostenernos unos a otros?
Ciertamente implica un proceso de madurez, por medio del cual no tan sólo hagamos consciencia de esta responsabilidad que como cristianos tenemos, sino que también entendamos la importancia de hacerlo bien, pues al acompañar a un hermano en su proceso de crecimiento nos convertimos en instrumento de Dios para su sanidad. No hacerlo de acuerdo a los principios bíblicos y desde una visión espiritual podría traer consecuencias catastróficas, desde detener el crecimiento o sanidad de la persona acompañada, hasta alejarlo de la comunidad y de Cristo.
Por esta razón damos inicio a este programa rogando al Señor nos permita tener, como iglesia, la humildad suficiente como para entender: 1) que a veces es necesaria la ayuda e intervención de otros hermanos en Cristo para transitar por el doloroso y difícil proceso del crecimiento espiritual; y, 2) que si bien todos estamos llamados a sostener a otros, también debemos aprender a hacerlo bajo la dirección del Espíritu Santo y los lineamientos de la Biblia.
OBJETIVO
Este programa tiene como objetivo principal experimentar la fuerza sanadora del amor, la cual se manifiesta cuando reconocemos que somos seres de necesidades, sobretodo de afecto y pertenencia. Todo el Nuevo Testamento habla de la misión de Dios en términos de amar, de ofrecer su gracia y misericordia a otros, pero de modo palpable y real, tal como lo hizo Jesús.
La presencia, mensaje y actitudes de Jesús estaban siempre orientados a promover vida y salud:
* Condenando a los mecanismos inhumanos.
* Luchando contra los comportamientos patológicos de raíz religiosa y social.
* Esforzándose por crear una convivencia más fraterna y solidaria.
* Ofreciendo el perdón reconciliador de Dios, que libera a las personas de la culpabilidad y la ruptura interior.
* Mostrando ternura hacia los maltratados.
* Brindando su ayuda para recuperar un corazón más limpio y atento al Espíritu Santo.
* Llamando a vivir en confianza.
Jesús reconoció las diferencias individuales en las personas, sus necesidades y el nivel de entendimiento que poseían, por lo que las trató de una forma singular. Cuando las personas tienen necesidad de acompañamiento, generalmente no están interesadas en escuchar un sermón. Al igual que las personas que vinieron a Jesús, tienen una necesidad que clama por ser satisfecha o un problema que debe ser solucionado. Frecuentemente necesitan afecto, estímulo, guía, o sanidad de alguna antigua herida.
Si queremos experimentar la fuerza sanadora del amor, debemos tener la misma visión de Jesucristo: buscar la salud individual y social INTEGRAL (Bio-psico-social y espiritual). Una salud radical, que se construye desde las raíces más hondas del ser humano; una salud liberadora, que quita del camino todo aquello que bloquea la vida en abundancia; una salud reconciliadora, que lleva a la persona a vivir en paz con Dios, consigo misma y con los demás; y una salud regeneradora, que busca una conversión económica, política, ideológica, ética, psicológica y espiritual.
Este es el modelo de salud que se busca alcanzar por medio del programa de acompañamiento. Esta salud hace a la persona más responsable de su existencia, poniéndola al servicio del amor y no al servicio del culto idolátrico y narcisista.
FASE I
En aras de aprender e irnos sensibilizando hacia el acompañamiento, esta primera fase separa la cadena de oración del cuidado mutuo. En la primera participaremos todos los adultos miembros de AME, mientras que en la segunda participarán de manera voluntaria aquellos que, deseando ser acompañados en su proceso de crecimiento, quieran experimentar los beneficios del programa.
CADENA DE ORACIÓN
Cada dos meses nos será facilitado el nombre de un hermano por el que estaremos obligados a orar fielmente. Este nombre será asignado al azar del listado de miembros adultos de AME. Una vez conocido el nombre, habremos de acercarnos al hermano, informándole que estaremos orando por él o ella durante ese bimestre, y con el propósito de conocer sus peticiones. A lo largo de esos dos meses, habremos de tener un acercamiento fraternal con el hermano por el que estamos orando (por lo menos cada domingo en el culto), para saber si ha habido respuesta de oración o conocer nuevas peticiones.
Quizá se pregunten porqué los jóvenes e intermedios no entran dentro de esta actividad. Básicamente son dos las razones: 1) Nuestros jóvenes e intermedios, dados los riesgos a los cuales están expuestos en un mundo cada vez más pervertido, requieren de una protección de oración mucho más intensa, la cual nos obliga a implementar un programa de oración con mayor cobertura, desde los grupos pequeños; y 2) Orar por las necesidades específicas de un hermano, demanda un grado de atención, disciplina y madurez para el cual nuestros jóvenes e intermedios todavía no están preparados, por razones naturales de su edad; por lo que preferimos no agobiarlos con esta actividad que pudiera resultarles intimidante, en este momento de sus vidas.
Esta cadena de oración será la primera manera de acostumbrarnos a un acercamiento personal en dos dimensiones: por un lado, poner en manos de otros nuestras peticiones de oración nos permitirá desarrollar confianza; y por otro, el que alguien confíe en que oraré fielmente por sus peticiones y las guardaré confidencialmente, me permitirá desarrollar ese grado de responsabilidad solidaria requerida para el acompañamiento.
Por otro lado, esta cadena de oración nos permitirá desarrollar la primera responsabilidad del acompañamiento cristiano: la oración solidaria.
CUIDADO MUTUO
El concepto de “acompañamiento” es muy viejo. Grupos de terapia, ayuda mutua e incluso dentro de las instituciones académicas, lo han adoptado bajo el nombre de apadrinamiento, tutoría, asesoría, mentoría, etcétera. En la Biblia tenemos grandes ejemplos: Elías fue mentor de Eliseo, Jesús de los discípulos, Pablo de Timoteo… Y aunque, en este programa habremos de hacer una franca distinción entre los conceptos de “acompañamiento” y “consejería”, cabe mencionar que en algunos casos al mentor o acompañante se le dan atributos de consejero.
En la época en la que vivimos, el culto al individualismo ha hecho estragos también en las iglesias -ciertamente es más cómodo cargar con nuestros propios problemas, pecados, o luchas-, pero el precio siempre es muy alto: el crecimiento se estanca y la soledad (y con ella la amargura) aumentan. Vivir bajo esta perspectiva no es bíblico, pues el Evangelio nos exhorta constantemente a crecer, imitando a Cristo, y a vivir en comunidad, amándonos unos a otros. Sin embargo, podemos entender que la falta de práctica haga del programa de acompañamiento y cuidado mutuo un reto intimidante. Por esta razón, el programa será voluntario en su primera etapa.
Los hermanos interesados en experimentar la bendición de ser acompañados en su proceso de crecimiento personal, deberán proporcionar su nombre a la hna. Adriana Leal o al Pastor, quien les asignará un mentor, el cual le acompañará durante seis meses en su proceso de crecimiento.
¿Quiénes serán los mentores?
El cuerpo de mentores estará formado por hermanos que tomen muy en serio su propio proceso de crecimiento y que den prioridad a su relación personal con Dios. Son personas honestas, capaces de compartir con los hermanos sus propias luchas y fracasos. Son personas maduras que, a partir de su propia experiencia de crecimiento, son capaces de hacer sugerencias certeras para asistir y promover el cambio de otro. Son personas responsables, que entienden la magnitud del compromiso que han adquirido con su hermano y con Cristo, por lo que no le abandonará en momentos difíciles. Son personas con sentido común, que sabrán acercar la ayuda profesional cuando ésta sea necesaria. Son personas respetuosas que sabrán escuchar, evitando dar consejos cuando estos no les sean solicitados. Son personas sensibles que sabrán empatizar con el otro, porque ellas también habrán sido acompañadas en su crecimiento alguna vez en su vida. Son personas que temen a Dios al punto de entender la responsabilidad de buscar el bienestar de su prójimo, nunca el propio.
Se preguntarán si pueden acompañar a alguien. No en esta primera etapa. ¿Porqué? Porque en esta primera etapa de aprendizaje hacia el acompañamiento tendrán que experimentar primero cómo se siente ser acompañado. Esta experiencia les permitirá desarrollar la empatía mínima necesaria para entender la necesidad de otro en ese sentido. Experimentar las sensaciones provocadas por la expectativa de una mentoría, podrá ayudarnos a entender lo que otro necesitará de nosotros cuando le acompañemos.
“Quedarse a solas con el propio mal es quedarse completamente solo. Y puede ser que , a pesar del culto, la oración, la predicación y la convivencia, haya cristianos que permanezcan solos, sin llegar a formar realmente comunidad. ¿Por qué? Porque si bien están dispuestos a formar parte de una comunidad de creyentes, de gente piadosa, no lo están para formar una comunidad de impíos y pecadores. La comunidad piadosa, en efecto, no permite a nadie ser pecador. Por esta razón cada uno se ve obligado a ocultar su pecado a sí mismo (negación) y a la comunidad (hipocresía). Muchos cristianos se horrorizarían si de pronto descubriesen entre ellos a un auténtico pecador. Por eso optamos por quedarnos con nuestro pecado, a costa de vivir en mentira e hipocresía; porque, aunque nos cueste reconocerlo somos efectivamente pecadores.”
Bonhoeffer Dietrich “Vida En Comunidad”
En aras de aprender e irnos sensibilizando hacia el acompañamiento, esta primera fase separa la cadena de oración del cuidado mutuo. En la primera participaremos todos los adultos miembros de AME, mientras que en la segunda participarán de manera voluntaria aquellos que, deseando ser acompañados en su proceso de crecimiento, quieran experimentar los beneficios del programa.
CADENA DE ORACIÓN
Cada dos meses nos será facilitado el nombre de un hermano por el que estaremos obligados a orar fielmente. Este nombre será asignado al azar del listado de miembros adultos de AME. Una vez conocido el nombre, habremos de acercarnos al hermano, informándole que estaremos orando por él o ella durante ese bimestre, y con el propósito de conocer sus peticiones. A lo largo de esos dos meses, habremos de tener un acercamiento fraternal con el hermano por el que estamos orando (por lo menos cada domingo en el culto), para saber si ha habido respuesta de oración o conocer nuevas peticiones.
Quizá se pregunten porqué los jóvenes e intermedios no entran dentro de esta actividad. Básicamente son dos las razones: 1) Nuestros jóvenes e intermedios, dados los riesgos a los cuales están expuestos en un mundo cada vez más pervertido, requieren de una protección de oración mucho más intensa, la cual nos obliga a implementar un programa de oración con mayor cobertura, desde los grupos pequeños; y 2) Orar por las necesidades específicas de un hermano, demanda un grado de atención, disciplina y madurez para el cual nuestros jóvenes e intermedios todavía no están preparados, por razones naturales de su edad; por lo que preferimos no agobiarlos con esta actividad que pudiera resultarles intimidante, en este momento de sus vidas.
Esta cadena de oración será la primera manera de acostumbrarnos a un acercamiento personal en dos dimensiones: por un lado, poner en manos de otros nuestras peticiones de oración nos permitirá desarrollar confianza; y por otro, el que alguien confíe en que oraré fielmente por sus peticiones y las guardaré confidencialmente, me permitirá desarrollar ese grado de responsabilidad solidaria requerida para el acompañamiento.
Por otro lado, esta cadena de oración nos permitirá desarrollar la primera responsabilidad del acompañamiento cristiano: la oración solidaria.
CUIDADO MUTUO
El concepto de “acompañamiento” es muy viejo. Grupos de terapia, ayuda mutua e incluso dentro de las instituciones académicas, lo han adoptado bajo el nombre de apadrinamiento, tutoría, asesoría, mentoría, etcétera. En la Biblia tenemos grandes ejemplos: Elías fue mentor de Eliseo, Jesús de los discípulos, Pablo de Timoteo… Y aunque, en este programa habremos de hacer una franca distinción entre los conceptos de “acompañamiento” y “consejería”, cabe mencionar que en algunos casos al mentor o acompañante se le dan atributos de consejero.
En la época en la que vivimos, el culto al individualismo ha hecho estragos también en las iglesias -ciertamente es más cómodo cargar con nuestros propios problemas, pecados, o luchas-, pero el precio siempre es muy alto: el crecimiento se estanca y la soledad (y con ella la amargura) aumentan. Vivir bajo esta perspectiva no es bíblico, pues el Evangelio nos exhorta constantemente a crecer, imitando a Cristo, y a vivir en comunidad, amándonos unos a otros. Sin embargo, podemos entender que la falta de práctica haga del programa de acompañamiento y cuidado mutuo un reto intimidante. Por esta razón, el programa será voluntario en su primera etapa.
Los hermanos interesados en experimentar la bendición de ser acompañados en su proceso de crecimiento personal, deberán proporcionar su nombre a la hna. Adriana Leal o al Pastor, quien les asignará un mentor, el cual le acompañará durante seis meses en su proceso de crecimiento.
¿Quiénes serán los mentores?
El cuerpo de mentores estará formado por hermanos que tomen muy en serio su propio proceso de crecimiento y que den prioridad a su relación personal con Dios. Son personas honestas, capaces de compartir con los hermanos sus propias luchas y fracasos. Son personas maduras que, a partir de su propia experiencia de crecimiento, son capaces de hacer sugerencias certeras para asistir y promover el cambio de otro. Son personas responsables, que entienden la magnitud del compromiso que han adquirido con su hermano y con Cristo, por lo que no le abandonará en momentos difíciles. Son personas con sentido común, que sabrán acercar la ayuda profesional cuando ésta sea necesaria. Son personas respetuosas que sabrán escuchar, evitando dar consejos cuando estos no les sean solicitados. Son personas sensibles que sabrán empatizar con el otro, porque ellas también habrán sido acompañadas en su crecimiento alguna vez en su vida. Son personas que temen a Dios al punto de entender la responsabilidad de buscar el bienestar de su prójimo, nunca el propio.
Se preguntarán si pueden acompañar a alguien. No en esta primera etapa. ¿Porqué? Porque en esta primera etapa de aprendizaje hacia el acompañamiento tendrán que experimentar primero cómo se siente ser acompañado. Esta experiencia les permitirá desarrollar la empatía mínima necesaria para entender la necesidad de otro en ese sentido. Experimentar las sensaciones provocadas por la expectativa de una mentoría, podrá ayudarnos a entender lo que otro necesitará de nosotros cuando le acompañemos.
“Quedarse a solas con el propio mal es quedarse completamente solo. Y puede ser que , a pesar del culto, la oración, la predicación y la convivencia, haya cristianos que permanezcan solos, sin llegar a formar realmente comunidad. ¿Por qué? Porque si bien están dispuestos a formar parte de una comunidad de creyentes, de gente piadosa, no lo están para formar una comunidad de impíos y pecadores. La comunidad piadosa, en efecto, no permite a nadie ser pecador. Por esta razón cada uno se ve obligado a ocultar su pecado a sí mismo (negación) y a la comunidad (hipocresía). Muchos cristianos se horrorizarían si de pronto descubriesen entre ellos a un auténtico pecador. Por eso optamos por quedarnos con nuestro pecado, a costa de vivir en mentira e hipocresía; porque, aunque nos cueste reconocerlo somos efectivamente pecadores.”
Bonhoeffer Dietrich “Vida En Comunidad”
SALUD INTEGRAL
¿Qué le ocurre a nuestro maravilloso comienzo cuando crecemos?
UN NIÑO INTERIOR HERIDO BOICOTEA NUESTRO PRESENTE
A lo largo de 2007, estuvimos llevando a ustedes, en esta sección, interesantes artículos sobre cómo cuidar nuestro cuerpo. Esperando que todos estén siendo responsables respecto a su salud en ese sentido, damos en 2008 un giro a la sección. Ahora estaremos enfocando todos nuestros artículos hacia la salud emocional, pues todos tenemos un niño interior, generalmente lastimado, al que es urgente reconocer, rescatar y proteger, en aras de alcanzar esa vida en abundancia de la que habla el Evangelio.
Mientras más sepamos cómo perdimos la espontánea brillantez y creatividad con las que nacimos, más podremos hallar maneras de recobrarlas. Hasta podremos ser capaces de hacer algo para evitar que en el futuro le suceda esto a nuestros hijos.
Algunas de las formas en que ese niño herido contamina nuestras vidas adultas son: la codependencia, las conductas ofensivas, los desórdenes narcisistas, las cuestiones de confianza, las creencias mágicas, las disfunciones de la intimidad, las conductas no disciplinadas, las conductas adictivas-compulsivas, las distorsiones del pensamiento, el vacío (apatía o depresión), entre otras. A lo largo de este año iremos plasmando ideas sobre cómo usar a nuestro adulto ESPIRITUAL como fuente de potencia para transformar ese dolor interior e, incluso, ayudar a otros a transformarse. Este camino, será parte del proceso de madurez que habremos de experimentar para alcanzar a desarrollar ese cuidado cristiano que nos debemos unos a otros. Reconocer, rescatar y proteger serán los tres pasos que habremos de dar.
Para poder reconocer a nuestro niño interior herido es necesario separarlo de nuestro adulto consciente. El adulto de ahora, consciente del daño, ha de tomar la responsabilidad de cuidar a ese niño herido abandonado por tanto tiempo, y la mejor manera de comenzar habrá de ser pidiéndole perdón por haberlo descuidado durante tantos años. Siguiendo el modelo propuesto por John Bradshaw, hagámoslo escribiendo una carta o teniendo un discurso interior como el siguiente:
Querido Juanito:
Quiero decirte que te amo tal como eres. Me siento mal por haberte descuidado desde mis años de adolescente. Bebí alcohol hasta que nos enfermamos. Bebí hasta que no podíamos recordar nada. Arriesgué tu preciosa vida una y otra vez. Después de todo lo que pasaste como niño, fue terrible que yo te hiciera esto. También estuve de fiesta toda la noche y no te di un descanso apropiado. Luego, trabajaba interminablemente y no te dejaba jugar. En general, fue totalmente insensible contigo. Ahora que soy grande, estoy conociendo a Cristo y aprendiendo cómo es que se debe amar. Esto me permitirá amarte, cuidarte y enseñarte. Estaré aquí siempre que me necesites. Quiero ser un ejemplo para ti.
Te quiere,
Juan Grande
Cuando Juanito logre alcanzar en madurez la edad cronológica de Juan Grande, entonces, el niño interior herido habrá sido rescatado y recuperado. Por lo pronto, empecemos reconociendo a ese niño interior herido que todos traemos adentro y reconozcamos la necesidad de identificar todos aquellos problemas que boicotean nuestras relaciones con los demás y con nuestro Señor. Empieza orando al Señor para que te de fuerzas y valor para hacerlo de una manera consciente y valiente. El Señor pondrá en nuestro corazón los recuerdos necesarios para encontrar respuestas certeras.
¡Ánimo, que fuerzas renovadas te esperan!
A lo largo de 2007, estuvimos llevando a ustedes, en esta sección, interesantes artículos sobre cómo cuidar nuestro cuerpo. Esperando que todos estén siendo responsables respecto a su salud en ese sentido, damos en 2008 un giro a la sección. Ahora estaremos enfocando todos nuestros artículos hacia la salud emocional, pues todos tenemos un niño interior, generalmente lastimado, al que es urgente reconocer, rescatar y proteger, en aras de alcanzar esa vida en abundancia de la que habla el Evangelio.
Mientras más sepamos cómo perdimos la espontánea brillantez y creatividad con las que nacimos, más podremos hallar maneras de recobrarlas. Hasta podremos ser capaces de hacer algo para evitar que en el futuro le suceda esto a nuestros hijos.
Algunas de las formas en que ese niño herido contamina nuestras vidas adultas son: la codependencia, las conductas ofensivas, los desórdenes narcisistas, las cuestiones de confianza, las creencias mágicas, las disfunciones de la intimidad, las conductas no disciplinadas, las conductas adictivas-compulsivas, las distorsiones del pensamiento, el vacío (apatía o depresión), entre otras. A lo largo de este año iremos plasmando ideas sobre cómo usar a nuestro adulto ESPIRITUAL como fuente de potencia para transformar ese dolor interior e, incluso, ayudar a otros a transformarse. Este camino, será parte del proceso de madurez que habremos de experimentar para alcanzar a desarrollar ese cuidado cristiano que nos debemos unos a otros. Reconocer, rescatar y proteger serán los tres pasos que habremos de dar.
Para poder reconocer a nuestro niño interior herido es necesario separarlo de nuestro adulto consciente. El adulto de ahora, consciente del daño, ha de tomar la responsabilidad de cuidar a ese niño herido abandonado por tanto tiempo, y la mejor manera de comenzar habrá de ser pidiéndole perdón por haberlo descuidado durante tantos años. Siguiendo el modelo propuesto por John Bradshaw, hagámoslo escribiendo una carta o teniendo un discurso interior como el siguiente:
Querido Juanito:
Quiero decirte que te amo tal como eres. Me siento mal por haberte descuidado desde mis años de adolescente. Bebí alcohol hasta que nos enfermamos. Bebí hasta que no podíamos recordar nada. Arriesgué tu preciosa vida una y otra vez. Después de todo lo que pasaste como niño, fue terrible que yo te hiciera esto. También estuve de fiesta toda la noche y no te di un descanso apropiado. Luego, trabajaba interminablemente y no te dejaba jugar. En general, fue totalmente insensible contigo. Ahora que soy grande, estoy conociendo a Cristo y aprendiendo cómo es que se debe amar. Esto me permitirá amarte, cuidarte y enseñarte. Estaré aquí siempre que me necesites. Quiero ser un ejemplo para ti.
Te quiere,
Juan Grande
Cuando Juanito logre alcanzar en madurez la edad cronológica de Juan Grande, entonces, el niño interior herido habrá sido rescatado y recuperado. Por lo pronto, empecemos reconociendo a ese niño interior herido que todos traemos adentro y reconozcamos la necesidad de identificar todos aquellos problemas que boicotean nuestras relaciones con los demás y con nuestro Señor. Empieza orando al Señor para que te de fuerzas y valor para hacerlo de una manera consciente y valiente. El Señor pondrá en nuestro corazón los recuerdos necesarios para encontrar respuestas certeras.
¡Ánimo, que fuerzas renovadas te esperan!
Cuidar a nuestro niño interior es tan importante como cuidar a nuestros propios hijos
EL IMPERATIVO CATEGÓRICO DEL AMOR
por Daniel Jiménez
“El amor debe ser sincero. Aborrezcan el mal; aférrense al bien. Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente. El amor debe ser sincero. Aborrezcan el mal; aférrense al bien. Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente. Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad. Bendigan a quienes los persigan; bendigan y no maldigan. Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran. Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben. No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos. Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en manos de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza; yo pagaré.”
Romanos 12:17-19mutuamente.”
Romanos 12:9-10
“El amor debe ser sincero. Aborrezcan el mal; aférrense al bien. Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente. El amor debe ser sincero. Aborrezcan el mal; aférrense al bien. Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente. Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad. Bendigan a quienes los persigan; bendigan y no maldigan. Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran. Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben. No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos. Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. No tomen venganza, hermanos míos, sino dejen el castigo en manos de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza; yo pagaré.”
Romanos 12:17-19mutuamente.”
Romanos 12:9-10
El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.
“Dos cosas me llenan de admiración y respeto: el cielo estrellado encima de mí, y la ley moral dentro de mí. Son para mí pruebas de que hay un Dios por encima de mí y un Dios dentro de mí”. Emanuel Kant, filósofo del siglo XVIII, dijo que existía una ley moral dentro de cada ser humano, que le era ineludible, aunque no pudiera comprenderla totalmente. A esto lo llamó el Imperativo Categórico. Kant era cristiano evangélico y seguramente la influencia del evangelismo se ve en esta postura.
Imperativo es sinónimo de orden, mandato y obligación. Pero parecería extraño para nosotros que Dios “mande” amar y este mandato se vuelva un deber pesado y torturante para muchos de nosotros. Esto ocurre porque no sabemos a ciencia cierta lo que es el amor. Además la palabra está tan manoseada, que perdemos el sentido de su significado. (hacer amor, enamorarse, amor real, amor sin barreras, amor libre, amor y paz, y hasta todo lo que necesitas es amor o ella te ama, fall in Love). Pablo sabía y vivía el imperativo del amor. Vamos a ver cuatro entendimientos bíblicos de lo que es el amor para poder vivirlo “como Dios manda”.
1. EL AMOR ES UNA FACULTAD. El ser humano es un ser facultativo con capacidades para cambiar y ser diferente de como es. Y el amor nos empuja a ser diferentes, a cambiar actitudes y maneras de pensar. Es la capacidad de superar nuestro egoísmo.
Es una facultad:
a. Dada por Dios. En Romanos 12:9, por primera vez, se habla del amor como una acción esperada por los creyentes. Antes, sólo se había hablado del amor de Dios para los hombres. Cuatro pasajes previos hablan del amor, pasajes que conocemos muy bien 8:39, 35; 5:8, 5. El otorgamiento de la capacidad de amar es gracias a la expresión del amor divino. Dios derrama su amor para que esto sea posible.
b. Demandada por Dios. Como Dios ha derramado su amor en el centro de nuestra existencia, en nuestro corazón, en donde se asienta la voluntad, la conciencia y la responsabilidad humana, Jesús espera que ames. Somos interpelados o convocados a amar. Por ello Dios, a través de los profetas y los apóstoles, nos demanda amar, nos muestra el amor como el imperativo o la orden categórica. Nos manda a que asumamos nuestra responsabilidad. Si Dios nos libra de diversas ataduras, es que nos da una razón para vivir, la razón de amar. Así pues, el amor es una facultad de la que somos responsables ante Dios.
c. Deseada por otros. Es una facultad de la cual daremos cuenta a Dios, pero cuyos beneficiarios son otros. Otros esperan a que tú los ames genuinamente. En los libros sobre límites, los autores dicen que amar es nuestra responsabilidad y que los padres debemos enseñar a nuestros hijos a amar a otros respetando los límites ajenos, respetando los sentimientos de los demás, etcétera. Pablo dice que es nuestra deuda permanente (13:8). El problema es que cuando creemos que no debemos amar o que el amor debe ser sentido, dejamos de amar.
2. EL AMOR ES UN VALOR. El amor es un compromiso personal, porque lo asumimos como responsabilidad. El amor es un valor al que nos sujetamos de manera responsable, una convicción asumida voluntariamente:
a. Elegida. Los valores se eligen. Aunque es una capacidad que Dios nos ha dado al salvarnos, es tu decisión practicarla. Como es un valor que yo elijo, entonces no puedo usarlo como chantaje o presión.
b. Individual. Personal. Nadie más que nosotros determinamos si vivimos y practicamos el amor, dando de nosotros hacia los demás. No depende de las circunstancias ni de otros.
c. Interna. Es decir, no se puede imponer a nuestros corazones desde afuera, sino que Dios la ha derramado dentro. Romanos 5:5 dice que todos los creyentes tienen esa capacidad de amar. Si no lo hacemos, podemos cuestionar si ha sido derramado, pero la Biblia dice que sí ha sido derramado.
d. Integral. Total. Los valores y las convicciones no pueden ser parciales, sino totalizantes, es decir afectan todas las áreas de la vida. Entonces todas mis relaciones sin excepción deben ser empapadas por la actitud amorosa.12:18 Vivir en paz con todos en cuanto dependa. Todas nuestras relaciones deben estar impregnadas o permeadas por esa activa preocupación por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Debe emanar de la regla de oro. A todos.
e. Intencional. Es consciente y deliberada. No es sentida o impulsada. Los impulsos como el enamoramiento o la simpatía o la química con las personas nos empujan hacia otros. Los valores nos atraen esperando nuestra determinación activa a practicarlos. El amor es un valor o principio al que se nos impele, que nos llama a actuar en beneficio de los demás. Es tender, intencionalmente y con actitudes benéficas, hacia otros. El amor es una actitud.
Imperativo es sinónimo de orden, mandato y obligación. Pero parecería extraño para nosotros que Dios “mande” amar y este mandato se vuelva un deber pesado y torturante para muchos de nosotros. Esto ocurre porque no sabemos a ciencia cierta lo que es el amor. Además la palabra está tan manoseada, que perdemos el sentido de su significado. (hacer amor, enamorarse, amor real, amor sin barreras, amor libre, amor y paz, y hasta todo lo que necesitas es amor o ella te ama, fall in Love). Pablo sabía y vivía el imperativo del amor. Vamos a ver cuatro entendimientos bíblicos de lo que es el amor para poder vivirlo “como Dios manda”.
1. EL AMOR ES UNA FACULTAD. El ser humano es un ser facultativo con capacidades para cambiar y ser diferente de como es. Y el amor nos empuja a ser diferentes, a cambiar actitudes y maneras de pensar. Es la capacidad de superar nuestro egoísmo.
Es una facultad:
a. Dada por Dios. En Romanos 12:9, por primera vez, se habla del amor como una acción esperada por los creyentes. Antes, sólo se había hablado del amor de Dios para los hombres. Cuatro pasajes previos hablan del amor, pasajes que conocemos muy bien 8:39, 35; 5:8, 5. El otorgamiento de la capacidad de amar es gracias a la expresión del amor divino. Dios derrama su amor para que esto sea posible.
b. Demandada por Dios. Como Dios ha derramado su amor en el centro de nuestra existencia, en nuestro corazón, en donde se asienta la voluntad, la conciencia y la responsabilidad humana, Jesús espera que ames. Somos interpelados o convocados a amar. Por ello Dios, a través de los profetas y los apóstoles, nos demanda amar, nos muestra el amor como el imperativo o la orden categórica. Nos manda a que asumamos nuestra responsabilidad. Si Dios nos libra de diversas ataduras, es que nos da una razón para vivir, la razón de amar. Así pues, el amor es una facultad de la que somos responsables ante Dios.
c. Deseada por otros. Es una facultad de la cual daremos cuenta a Dios, pero cuyos beneficiarios son otros. Otros esperan a que tú los ames genuinamente. En los libros sobre límites, los autores dicen que amar es nuestra responsabilidad y que los padres debemos enseñar a nuestros hijos a amar a otros respetando los límites ajenos, respetando los sentimientos de los demás, etcétera. Pablo dice que es nuestra deuda permanente (13:8). El problema es que cuando creemos que no debemos amar o que el amor debe ser sentido, dejamos de amar.
2. EL AMOR ES UN VALOR. El amor es un compromiso personal, porque lo asumimos como responsabilidad. El amor es un valor al que nos sujetamos de manera responsable, una convicción asumida voluntariamente:
a. Elegida. Los valores se eligen. Aunque es una capacidad que Dios nos ha dado al salvarnos, es tu decisión practicarla. Como es un valor que yo elijo, entonces no puedo usarlo como chantaje o presión.
b. Individual. Personal. Nadie más que nosotros determinamos si vivimos y practicamos el amor, dando de nosotros hacia los demás. No depende de las circunstancias ni de otros.
c. Interna. Es decir, no se puede imponer a nuestros corazones desde afuera, sino que Dios la ha derramado dentro. Romanos 5:5 dice que todos los creyentes tienen esa capacidad de amar. Si no lo hacemos, podemos cuestionar si ha sido derramado, pero la Biblia dice que sí ha sido derramado.
d. Integral. Total. Los valores y las convicciones no pueden ser parciales, sino totalizantes, es decir afectan todas las áreas de la vida. Entonces todas mis relaciones sin excepción deben ser empapadas por la actitud amorosa.12:18 Vivir en paz con todos en cuanto dependa. Todas nuestras relaciones deben estar impregnadas o permeadas por esa activa preocupación por la vida y el crecimiento de lo que amamos. Debe emanar de la regla de oro. A todos.
e. Intencional. Es consciente y deliberada. No es sentida o impulsada. Los impulsos como el enamoramiento o la simpatía o la química con las personas nos empujan hacia otros. Los valores nos atraen esperando nuestra determinación activa a practicarlos. El amor es un valor o principio al que se nos impele, que nos llama a actuar en beneficio de los demás. Es tender, intencionalmente y con actitudes benéficas, hacia otros. El amor es una actitud.
3. EL AMOR ES UNA ACTITUD. Entendiendo actitud como la manera de responder ante los demás. El amor es actitud intencional que beneficia a otros. No pertenece al ámbito de los sentimientos (enamoramiento y simpatía, o química) ni al ámbito físico (hacer el amor), sino es una convicción para:
a. Cuidar. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. El amor es descrito en varios pasajes como actitudes hacia los demás, es decir las conductas y pensamientos que profeso hacia los demás. Conductas y pensamientos que benefician a otros. No pertenece al ámbito de los sentimientos, porque los sentimientos emanan como reacción natural, y a veces nuestros sentimientos dependen de nuestro estado físico.¿Amamos el servicio a Dios? ¿dónde está la preocupación activa de ello? Romanos 12:11. El celo en todos nuestros deberes cristianos será el resultado natural de nuestro amor cristiano, y con el tiempo lo aumentará. La verdadera prueba de la presencia del fuego del Espíritu no será emoción religiosa, sino renovada energía y empeño en el servicio obediente al Señor.La característica del amor genuino es adherirse a lo bueno. El amor puede ceder, pero también puede ser duro. Es hacer lo bueno de tal forma que, aunque lastime, no perjudica.
b. Responsabilidad. Hoy en día, suele entenderse este término y sus derivados, como algo impuesto desde fuera. Nos choca el “tener que”. Pero la responsabilidad en su verdadero sentido es un acto enteramente voluntario, que constituye mi respuesta a las necesidades expresadas o no expresadas de otro ser humano. Necesidades físicas, psíquicas, emocionales, espirituales, etcétera. Ser responsable significa estar listo y dispuesto a responder a favor, no a reaccionar en contra, de las auténticas necesidades de otros.
c. Respeto. La responsabilidad puede degenerar en dominio y posesividad, si no media el respeto. Amar en respeto es cuidar a otros para que el otro se desarrolle como es y no como nosotros queremos que sea. El creyente debe aceptar a su hermano (y su enemigo) tan plenamente como Dios en Cristo lo ha aceptado (5:6-10). Es ver al otro como al que no le puedo exigir nada. Cuando amo esperando algo, aunque sea algo genuino, ya no estoy amando.El amor fraternal opera en disposición respetuosa, inclusive a los que tienen un entendimiento distinto del compromiso con Dios.Esto es lo que se conoce como amar en libertad, no en dominación. Pero muchas relaciones matrimoniales, familiares y fraternales caen en el modelo de la dominación, el amor es hijo de la libertad, no del dominio.Cuando dejemos de esperar y exigir a los otros su deber, empezaremos a amar en verdad.
d. Conocimiento. No puedo amar genuinamente sin comprender como es la otra persona en sus más profundas necesidades. Cuando en verdad conozco a la otra persona, aún en sus más grandes defectos, amarguras y dolores, en sus sufrimientos.Pero yo no puedo aspirar a conocer a los otros si no me muestro tal como soy. Amar genuinamente es amar con transparencia. Pero si el amor no es impulso, sino decisión voluntaria, la honestidad no es sinónimo de aspereza. No confundamos sinceridad con negatividad e imprudencia. La sinceridad no es pretexto para sacar nuestra amargura, enojo o frustración o veneno.
4. EL AMOR ES UN RIESGO. El amor es un riesgo al que somos lanzados. Dios nos ha arrojado a un mundo para amar y mostrar su amor; para enseñar, modelando la manera de amar a Dios y amar al prójimo:
a. Ante el mal. Romanos 12:9, 17 y 21 infieren que el amor habrá de practicarse en medio de un mundo malo. Si el amor es una convicción como sostenemos, entonces es imprescindible amar en medio de la maldad, lo cual es de esperarse y hasta razonable, porque cuando las convicciones no se viven en medio de la oposición, ¿cómo pueden llamarse convicciones verdaderas? Las convicciones se evidencian no en medio de la bonanza, sino en medio de la adversidad, del sufrimiento y del mal. Como aquellos jóvenes del horno de fuego que mostraron su convicción, a pesar de saberse a riesgo de morir. Existe el mal y el individuo se ve presionado a imitar al malo, sobretodo cuando parece que aquellos que no se apuran por amar prosperan (salmo 73). Pero es precisamente necesario que el mal se combata con amor honesto, en medio de un mundo falso.
b. A los malos. ¿Amar a los malos? De eso se trata. Cualquiera puede amar lo “amable” o a los que son “buenos”. Pero, a ciencia cierta, esto es imposible, porque no hay nadie bueno.
Si las personas son ilógicas, poco razonables y egoístas, ámalas de todas maneras. Aunque te acusen de motivos ocultos, de todos modos haz el bien. Aún cuando el bien que hagas hoy sea olvidado mañana, de todos modos hazlo hoy. Si el amor te hace vulnerable, ama de todos modos. Aún cuando lo que edifiques sea destruido en una noche, de todos modos edifica. Las personas que necesitan tu ayuda, seguramente te atacarán, pero de todos modos ayúdalos. Si dando lo mejor que tienes te dan puntapies, no importa, de todos modos da lo mejor que tienes.
c. En las situaciones límite. Cuando las personas lloran o sufren (sufrimiento inevitable, muerte, culpa), el cristiano debe identificarse con su semejante; debe hacer un espacio para él en las experiencias en las cuales es humano, en su gozo humano y su tristeza humana.
5. NUESTRO IMPERATIVO CATEGÓRICO. El ser humano tiene la facultad de elegir al amor como su valor mas preciado para que guíe sus actitudes hacia los demás, en medio del riesgo y del sufrimiento. Sólo así puede ser hecho, porque así lo hizo Dios cuando amó de tal manera al mundo que dio, con riesgo, a su hijo, para beneficiar a cada ser humano a pesar de nuestra maldad.
a. Cuidar. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos. El amor es descrito en varios pasajes como actitudes hacia los demás, es decir las conductas y pensamientos que profeso hacia los demás. Conductas y pensamientos que benefician a otros. No pertenece al ámbito de los sentimientos, porque los sentimientos emanan como reacción natural, y a veces nuestros sentimientos dependen de nuestro estado físico.¿Amamos el servicio a Dios? ¿dónde está la preocupación activa de ello? Romanos 12:11. El celo en todos nuestros deberes cristianos será el resultado natural de nuestro amor cristiano, y con el tiempo lo aumentará. La verdadera prueba de la presencia del fuego del Espíritu no será emoción religiosa, sino renovada energía y empeño en el servicio obediente al Señor.La característica del amor genuino es adherirse a lo bueno. El amor puede ceder, pero también puede ser duro. Es hacer lo bueno de tal forma que, aunque lastime, no perjudica.
b. Responsabilidad. Hoy en día, suele entenderse este término y sus derivados, como algo impuesto desde fuera. Nos choca el “tener que”. Pero la responsabilidad en su verdadero sentido es un acto enteramente voluntario, que constituye mi respuesta a las necesidades expresadas o no expresadas de otro ser humano. Necesidades físicas, psíquicas, emocionales, espirituales, etcétera. Ser responsable significa estar listo y dispuesto a responder a favor, no a reaccionar en contra, de las auténticas necesidades de otros.
c. Respeto. La responsabilidad puede degenerar en dominio y posesividad, si no media el respeto. Amar en respeto es cuidar a otros para que el otro se desarrolle como es y no como nosotros queremos que sea. El creyente debe aceptar a su hermano (y su enemigo) tan plenamente como Dios en Cristo lo ha aceptado (5:6-10). Es ver al otro como al que no le puedo exigir nada. Cuando amo esperando algo, aunque sea algo genuino, ya no estoy amando.El amor fraternal opera en disposición respetuosa, inclusive a los que tienen un entendimiento distinto del compromiso con Dios.Esto es lo que se conoce como amar en libertad, no en dominación. Pero muchas relaciones matrimoniales, familiares y fraternales caen en el modelo de la dominación, el amor es hijo de la libertad, no del dominio.Cuando dejemos de esperar y exigir a los otros su deber, empezaremos a amar en verdad.
d. Conocimiento. No puedo amar genuinamente sin comprender como es la otra persona en sus más profundas necesidades. Cuando en verdad conozco a la otra persona, aún en sus más grandes defectos, amarguras y dolores, en sus sufrimientos.Pero yo no puedo aspirar a conocer a los otros si no me muestro tal como soy. Amar genuinamente es amar con transparencia. Pero si el amor no es impulso, sino decisión voluntaria, la honestidad no es sinónimo de aspereza. No confundamos sinceridad con negatividad e imprudencia. La sinceridad no es pretexto para sacar nuestra amargura, enojo o frustración o veneno.
4. EL AMOR ES UN RIESGO. El amor es un riesgo al que somos lanzados. Dios nos ha arrojado a un mundo para amar y mostrar su amor; para enseñar, modelando la manera de amar a Dios y amar al prójimo:
a. Ante el mal. Romanos 12:9, 17 y 21 infieren que el amor habrá de practicarse en medio de un mundo malo. Si el amor es una convicción como sostenemos, entonces es imprescindible amar en medio de la maldad, lo cual es de esperarse y hasta razonable, porque cuando las convicciones no se viven en medio de la oposición, ¿cómo pueden llamarse convicciones verdaderas? Las convicciones se evidencian no en medio de la bonanza, sino en medio de la adversidad, del sufrimiento y del mal. Como aquellos jóvenes del horno de fuego que mostraron su convicción, a pesar de saberse a riesgo de morir. Existe el mal y el individuo se ve presionado a imitar al malo, sobretodo cuando parece que aquellos que no se apuran por amar prosperan (salmo 73). Pero es precisamente necesario que el mal se combata con amor honesto, en medio de un mundo falso.
b. A los malos. ¿Amar a los malos? De eso se trata. Cualquiera puede amar lo “amable” o a los que son “buenos”. Pero, a ciencia cierta, esto es imposible, porque no hay nadie bueno.
Si las personas son ilógicas, poco razonables y egoístas, ámalas de todas maneras. Aunque te acusen de motivos ocultos, de todos modos haz el bien. Aún cuando el bien que hagas hoy sea olvidado mañana, de todos modos hazlo hoy. Si el amor te hace vulnerable, ama de todos modos. Aún cuando lo que edifiques sea destruido en una noche, de todos modos edifica. Las personas que necesitan tu ayuda, seguramente te atacarán, pero de todos modos ayúdalos. Si dando lo mejor que tienes te dan puntapies, no importa, de todos modos da lo mejor que tienes.
c. En las situaciones límite. Cuando las personas lloran o sufren (sufrimiento inevitable, muerte, culpa), el cristiano debe identificarse con su semejante; debe hacer un espacio para él en las experiencias en las cuales es humano, en su gozo humano y su tristeza humana.
5. NUESTRO IMPERATIVO CATEGÓRICO. El ser humano tiene la facultad de elegir al amor como su valor mas preciado para que guíe sus actitudes hacia los demás, en medio del riesgo y del sufrimiento. Sólo así puede ser hecho, porque así lo hizo Dios cuando amó de tal manera al mundo que dio, con riesgo, a su hijo, para beneficiar a cada ser humano a pesar de nuestra maldad.